¡Hola a todos! Hoy quiero compartir con ustedes una gran alegría: el pasado domingo tuve el honor de asistir a la ordenación sacerdotal de un amigo muy querido, que cumplió 65 años de edad. Sé que muchos se preguntarán cómo es posible que alguien se ordene sacerdote a esa edad, y yo les diré que para Dios no hay imposibles ni límites. Mi amigo siempre tuvo la vocación de servir al Señor, pero por diversas circunstancias de la vida no pudo hacerlo antes. Sin embargo, nunca dejó de rezar y de confiar en la voluntad divina, y finalmente recibió el llamado que tanto esperaba. La ceremonia fue muy emotiva y solemne. El obispo que lo ordenó le dirigió unas palabras de felicitación y de aliento, recordándole que el sacerdocio es un don y una responsabilidad, y que debe ejercerlo con fidelidad y generosidad. Los demás sacerdotes presentes le impusieron las manos y le dieron la bienvenida a su nuevo ministerio. Yo no pude contener las lágrimas al verlo tan feliz y radiante, ves...
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